Presión social de la maternidad

Todavía sigue siendo poco común cuando una mujer dice que no quiere ser madre. Y es que, a día de hoy, aun el ser mujer conlleva tener cierta presión social para tener hijos.

Toda mujer llega a replantearse cuándo deberá tener hijos desde bien pequeña. Esto resulta normal considerando que nuestra educación tradicional desde pequeños nos inculca un rol de género, en el que a las niñas se nos inculca la maternidad. ¿Quién no ha tenido un muñeco y ha jugado a ser su madre? No tiene por qué ser algo negativo comprar un muñeco, pero comúnmente los padres normalizan el tener que comprar un muñeco a su hija. Sin embargo, existen infinidad de juguetes con los que poder aumentar su creatividad e imaginación, repercutiendo positivamente en su desarrollo personal.

Analizándolo así, resulta normal que las niñas crezcan con la idea de que algún día serán madres. En la pubertad ya empieza a cambiar el cuerpo, y la idea de estar preparándose para poder llegar a ser madre esta interiorizada, aunque esta preocupación no sale a relucir hasta que no eres adulta y ha llegado tu “supuesto momento” de tener que decidir si ser madre, cuándo, o si no quieres serlo.

“Yo quiero tener hijos con…”, “Algún día te llegará el instinto maternal” o “ya tienes edad para ser madre” son de las frases más repetidas a toda mujer como si fuese algo esencial que debemos hacer en nuestra vida. Aunque no paremos a pensarlo, esta presión social hace que podamos dejar a un lado lo que realmente quieres hacer en tu vida, quizás es un tema del que no se habla porque está normalizada la relación ser mujer y, por tanto, ser madre, limitando nuestra libertad a la hora de elegir lo que realmente te apetece hacer.

Quizás la opción de que no entre en tus planes de vida sigue siendo socialmente algo raro, extraño. Y es que, parece que para la sociedad una mujer que no quiere tener hijos es menos mujer, aunque dudo que muchas de las personas que piensan esto se hayan cuestionado qué es ser más o menos mujer con argumentos razonables.

La idea de no ser madre puede ir acompañada de prejuicios como no haber madurado lo suficiente, como si estuvieses incompleta. Toda mujer acaba sometiéndose al análisis y posterior opinión social de la maternidad. Entonces, las mujeres que no pueden ser madres, no por decisión propia, pueden llegar a sufrirlo incluso más, se convierte en deber, querer y no poder. Como si estuvieses predestinada a ser una “mujer incompleta”, que por mal que suene, es incluso peor que se piense.

Creer que la maternidad es un instinto natural aporta un granito más a esta presión social.

“El instinto maternal” del que tanto se habla, nos impone la maternidad como algo natural que debe llegar tarde o temprano. Como si un día te despertases y, de repente, tienes muchas ganas de tener hijos. Quizás muchas a personas les apetezca en un momento de sus vidas, pero debemos tener claro que no es algo biológico que aparece y te avisa de que tienes que ser madre, el instinto maternal que conocemos y esperamos para decidir ser madres es más bien un invento sexista. La verdadera explicación de la existencia del instinto maternal solo aparece cuando se ha sido madre y la liberación de oxitócica hace que afloren sentimientos de protección y cuidado, esto no quiere decir que durante el embarazo no se despierten nuevos sentimientos.

Poder no es querer.

El poder ser madres no quiere decir que debamos serlo. La maternidad está sobrevalorada, indudablemente tiene sus cosas buenas, pero también tiene algunas que pueden verse como malas, y esto es algo natural pero que nadie puede decir. Madres que los deseaban con toda su ilusión y han pasado un embarazo, un parto o/y un postparto complicado se sienten terriblemente culpables por no sentir alegría. Nadie les explicó que eso es totalmente normal, y que pasará.

Pero la realidad es que expresar tu opinión sobre la maternidad sin que sea algo estupendo, y siendo mujer, es sinónimo de mala persona o mala madre.

Cuando cumples una edad, considerada adecuada para ser madre o tener el proyecto de serlo, aparecen las preguntas en tu entorno, para ver si eres una “mujer normal y corriente” o quizás te alejas del patrón y eres considerada especial, o más bien, rara, digamos que estas rompiendo con un rol normalizado y “lógico”. Esto nos aleja de nuestra libertad de elección.

Deberíamos empezar a pensar que la no maternidad es una opción más de cómo querer vivir tu vida. Porque hoy en día no es un camino más que poder coger para ser feliz, sino que se considera un camino elegido porque la primera opción ha fallado o porque algo considerado poco común pasa. No tenemos todavía una opción social que deje espacio al porqué por ser mujer se debe ser madre, será casi imposible escapar de la sociedad que juzga a la mujer de forma constante.

Una educación que escape a los roles de género sería la solución a esta presión social. Pero la inexistencia de esta, nos llevará a que lo mejor sea no tener por qué dar explicaciones, ni intentar justificar una postura tan natural como es cómo quieres vivir tu vida.

Comments
  • Maria
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    Me ha encantado leerlo. Por fin, a mis 32 años, leer una opinión que se aleja de la obligatoriedad social de ser madre. Yo hace años, por no decir desde siempre, he tenido claro que no quiero ni voy a ser madre, simplemente es mi opción y considero que debe ser respetada y a quien no le guste, igual que el hecho de que sea lesbiana, pues que se lo haga mirar o que no trate conmigo, pero es verdad que la gran mayoría de mujeres, sean o no lesbianas, ceden a esta presión social tan medieval, que parece mentira que aún persista en el siglo que estamos…

    Lo que complica la cosa ya no es solamente a nivel del entorno en general, sino a la hora de buscar pareja. Cuando dices a una chica (lesbiana como tú) que tienes claro que tu opción de convivencia en pareja es sin hijos en casa (ni tuyos, ni suyos, ni adoptados ni de ningún otro modo), enseguida se vuelven reacias y pasas a ser una especie de “mal partido” que ya no interesa. La verdad, es algo que me desmotiva bastante, el poco o nulo empoderamiento que hay en este sentido…

    Pero me ha animado el artículo, por fin leer que, aunque seamos muy pocas, las habemos con las ideas claras y sin esa intoxicación social.

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